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Lenguaje Corporal


En lo referente al comportamiento humano, hay básicamente dos tipos de señales: verbales y no verbales. A todos se nos ha enseñado a fijarnos en las verbales y a identificarlas. Por analogía estas son las que están colocadas en postes visibles cuando conducimos por las calles de una ciudad desconocida. Luego tenemos las señales no verbales, las que siempre están ahí, pero que muchos de nosotros no hemos aprendido a localizar porque no nos han enseñado a fijarnos en ellas y a identificarlas colocadas como están, a la altura del suelo. Lo interesante es que una vez que aprendemos a detectarlas e interpretarlas, nuestras reacciones serán como las de la conductora del texto anterior: Una vez que supo qué buscar y dónde mirar, las señales eran evidentes e inconfundibles. No tuvo ningún problema para encontrar el camino.

Lenguaje Corporal Como hemos mencionado, al lenguaje corporal es imprescindible tomarlo en cuenta para establecer una escucha activa y empática, es este tipo de lenguaje el que nos ayudará a corroborar las emociones, los sentimientos y los pensamientos que la persona nos expresa a través del lenguaje verbal.

Este lenguaje no verbal o corporal incluye las expresiones faciales, los gestos, los movimientos físicos o la distancia corporal, el contacto, las posturas e incluso la indumentaria. Todos estos componentes del lenguaje no verbal, expresan los pensamientos y  emociones de una persona. 

¿Cómo es que afirmamos esto? Haremos una breve referencia sobre el cerebro, sus implicaciones en las funciones específicas que regulan lo que el cuerpo realiza y expresa, ya sea de forma consciente o subconsciente y que nos permiten leer las emociones y sentimientos del otro.  

La mayoría de las personas sabemos que la sede de las habilidades cognitivas está en el cerebro. En 1952, Paul Mac Lean dijo que el cerebro humano estaba conformado por un cerebro trino, es decir, formado a su vez por un cerebro (básico) reptiliano, un cerebro (límbico) mamífero y un cerebro humano (neocórtex).
El cerebro límbico reacciona al mundo que lo rodea de forma refleja e instantánea, de forma inmediata y sin pensar. Es por esta razón que es este cerebro límbico el que muestra una verdadera reacción a la información que recibe del mundo exterior. Es también el responsable de la supervivencia humana, motivo por el cual siempre está en funcionamiento. Es desde aquí que se generan las señales a otras partes del cerebro, que son las responsables de organizar los comportamientos relacionados con las emociones y la forma de sobrevivir. Sus manifestaciones físicas pueden observarse a través de los pies, los brazos, las manos, la cara y el torso.
 
Estas reacciones de supervivencia se heredan a través de las diferentes generaciones humanas y están integradas en el sistema nervioso de las personas siendo difícil ocultarlas o eliminarlas, es por esto que se puede argumentar que son expresiones veraces de las emociones, los pensamientos, sentimientos o intenciones de las personas que las manifiestan.

Por su parte, el neocórtex o nuevo cerebro es el responsable de la cognición a un nivel superior (es el cerebro creativo, crítico, analítico) y de la memoria, el que puede desarrollar pensamientos complejos capaces de mentir o modificar la respuesta verbal ante una situación dada. 
Radica en estos argumentos el que se insista en que el lenguaje corporal es importante en la comunicación humana.

En el campo del BioNeuroCoaching es relevante el considerar esta forma de comunicación, ya que a través de él se pueden detectar emociones reprimidas, sentimientos contradictorios, desesperanza, tristeza o depresión, que la persona puede negar o desconocer como es el caso dela emoción oculta, el sentimiento de fondo o estado de ánimo.

Cuando estamos bien física y mentalmente, cuidamos nuestro aspecto, nos arreglamos, nos acicalamos. Los humanos no somos únicos en este sentido, ya que los pájaros y otros mamíferos adoptan comportamientos similares. Por otra parte, cuando nos encontramos física o mentalmente enfermos, la postura del torso y de los hombros, al igual que nuestra apariencia general, puede indicar nuestra mala salud. Mucha gente desafortunada y sin hogar padece esquizofrenia y rara vez se ocupa de su atuendo. Sus ropas están sucias y mugrientas, y muchos de estos individuos incluso se resistirán a los esfuerzos de otros por hacer que se bañen o se pongan ropa limpia. La persona mentalmente deprimida se encorva cuando camina o está de pie, parece que sostiene todo el peso del mundo sobre sus hombros.

Antropólogos, asistentes sociales y profesionales de la medicina de todo el mundo se han fijado en el hecho de que nos arreglamos poco cuando estamos enfermos o tristes. En esos momentos, el arreglo y el cuidado de la presencia física están entre las primeras cosas que desaparecen. El cerebro de una persona que está realmente enferma o traumatizada tiene otras prioridades, y arreglarse simplemente no es una de ellas. Por consiguiente, dentro del tema que nos ocupa, podemos usar la falta general de higiene personal o de interés para arreglarse para hacer suposiciones sobre el estado de ánimo o de salud de una persona.
Los gestos y movimientos de las diferentes partes de nuestro cuerpo nos pueden dar pistas sobre las emociones o sentimientos que la persona puede estar manifestando o desconocer su existencia.

LA CARA

La cara es el lienzo de nuestra mente en cuanto a las emociones se refiere, debido a que las expresiones faciales, más que ninguna otra cosa, sirven de lenguaje universal. Es un práctico medio de comunicación desde el nacimiento del hombre para facilitar la comprensión de los estados de ánimo o emociones. Es fácil saber de forma rápida si alguien está sorprendido, interesado, aburrido, fatigado, inquieto, frustrado, nervioso, feliz, satisfecho.

Es cierto que estas expresiones pueden ser controladas (por el neocórtex), por lo que este se recomienda que se agrupen los gestos faciales con los gestos o movimientos del resto del cuerpo para una mejor lectura.
Las emociones negativas, como disgusto, asco, antipatía, miedo, ira, nos ponen tensos. Esta tensión se manifiesta de muchas formas en el cuerpo. Nuestras caras pueden mostrar simultáneamente una constelación de indicadores que revelen tensión: tensión de los músculos de la mandíbula, ensanchamiento (dilatación) de las aletas nasales, ojos entornados, temblor de boca u oclusión de   los labios (en el cual los labios parecen desaparecer). Si observas con detenimiento, notarás que los ojos están enfocados en un punto fijo, el cuello permanece rígido y la cabeza se encuentra inclinada. Las emociones positivas se revelan porque  se suavizan las arrugas de la frente, se relajan los músculos alrededor de la boca, los labios se vuelven más carnosos (no están comprimidos ni tensos) y se agranda el área de los ojos debido a la relajación de los músculos que los rodea. Cuando estamos sosegados y cómodos, los músculos faciales también se relajan y la cabeza se inclina hacia un lado, exponiendo nuestra zona más vulnerable, el cuello.

LAS MANOS

Las manos humanas son únicas, ya que pueden realizar una gama infinita de actividades y comunicar los sentimientos y emociones; son capaces de construir, bordar, coser, entre muchas actividades más. También son capaces de golpear, acariciar, tocar, sentir, evaluar, así como de establecer comunicación con personas con discapacidad como los sordos, para quienes se inventó el lenguaje de señas, o pueden también ser el instrumento por el cual los débiles visuales o ciegos pueden comunicarse a través del sistema braille.
El cerebro humano está programado para percibir el más mínimo movimiento de las manos, dedos, muñecas, palmas de la mano, debido a que las manos se volvieron más expresivas y hábiles con la evolución del hombre a la posición bípeda. El hombre moderno pudo entonces realizar mayor número de actividades para sobrevivir incluyendo el uso de las manos para defenderse de posibles ataques, motivo por el cual, el cerebro se mantiene en vigilancia con respecto a estas partes del cuerpo. Algunas pautas o ejemplos de los movimientos conscientes o inconscientes, que se realizan con las manos, serán a continuación abordados, pues estos pueden ayudar a crear un vínculo empático entre el BioNeuroCoach y el consultante o no.

Ocultar las manos y que sean poco expresivas mientras hablas con alguna persona le resta valor a la calidad y honestidad con la que se percibe la información que  transmites. Si por el contrario, mientras se habla se utiliza el movimiento de las manos para enfatizar o ayudar en la descripción de algún objeto favorecerá la comunicación con el interlocutor siendo ésta comprendida y valorada por el interlocutor. Un apretón de manos es, por lo general, el primer y, posiblemente, el único contacto físico que tenemos con otra persona. El modo en que lo hagamos, incluyendo la fuerza y duración, influye en  cómo somos percibidos por aquél a quien estamos saludando.

El cómo se realice este apretón puede crear un vínculo con la otra persona o de forma contraria hacer que el saludo haga sentirse incómodo a uno de los implicados; la causa de esto es que el apretón puede comunicar entusiasmo, control (apretón fuerte) y dominio (la mano de quien quiere controlar y dominar queda por encima de la otra persona).

El contacto físico es importante para el ser humano, de hecho cuando se quiere evaluar en qué punto está una relación (entre hombres, mujeres, padres e hijos o amantes) se puede determinar por el contacto físico que existe entre ellos (si se mantiene, se ha acrecentado o por el contrario ha disminuido), ya que en cualquier relación cuando existe confianza existe a su vez mayor actividad táctil.

Señalar a una persona, y más si es tu interlocutor, se interpreta como hostilidad y ofende a la persona. Chasquear los dedos para captar la atención del interlocutor tendrá el mismo efecto negativo. Es también percibido como negativo el que mientras se escucha a una persona, el oyente se arregle con las manos el cabello, la ropa, o las mismas uñas. Si durante la plática alguno de los interlocutores se mordiera las uñas, sería indicativo de nerviosismo o inseguridad. Las manos sudadas de una persona pueden deberse al calor o a que  el cerebro límbico se encuentra excitado por estar nervioso o bajo tensión. El temblor  incontrolado de las manos está determinado por los impulsos de los neurotransmisores y de hormonas como la adrenalina (epinefrina), y pueden ser secretados tanto por emociones negativas o positivas (miedo, alegría). 

Estas señales, cuando son leídas con algún otro gesto o movimiento corporal y en referencia al contexto verbal y físico, nos darán la certeza de la emoción que está detrás del temblor incontrolado de las manos (se debe conocer si no existe algún padecimiento, fármaco o sustancia que origine esta manifestación).
Unir las manos formando un triángulo mientras se desarrolla la plática, denota confianza, que estás seguro de tus pensamientos o posición. Entrelazar los dedos de las manos (como si se fuera a rezar), por el contrario, habla de que la confianza se ha debilitado, se está dudando o existe inseguridad.

Si alguna persona durante la conversación está mintiendo, los movimientos de los brazos y de las manos serán reducidos o paralizados para no atraer la atención sobre ellos.
Las personas que se tocan el cuello (cualquier parte) mientras habla, en realidad está reflejando que siente una seguridad más baja de lo normal o que está aliviando la tensión. El hecho de cubrir el área del cuello, la garganta o la escotadura esternal durante momentos de tensión es un fuerte indicador universal de que el cerebro está procesando activamente algo que es amenazador, censurable, inquietante, cuestionable o emotivo.

Los movimientos graduales de retirada de las manos también merecen atención, pues son indicadores de que se está llevando a cabo una huída psicológica que se produce cuando nuestro cerebro percibe una amenaza en el entorno.

LOS PIES Y LAS PIERNAS

Los pies y las piernas pueden dar información valiosa, ya que son la parte más sincera del cuerpo. Son los principales responsables de ejecutar las respuestas que el cerebro límbico presenta cuando percibe una amenaza para la sobrevivencia del hombre. Estas respuestas se han mantenido al paso de los años y son: 
Frente a un depredador: respuesta de paralización (se omite el movimiento para no ser percibido). Cuando la respuesta de paralización no es apropiada para eliminar el peligro se da la respuesta de huída (distanciarse del peligro). Si es inevitable la agresión se presentará la respuesta de lucha; ésta será a través de la agresión física o de la postura, la mirada, sacando el pecho o invadiendo el espacio personal del otro. Por tanto son los pies y las piernas los primeros responsables de poner a salvo a las personas.

Dentro de la lectura del lenguaje corporal de estas extremidades podemos saber si la persona se siente feliz. Esto será posible si observamos unos pies y piernas que se mueven y saltan de alegría. Puedes hacer la observación directa de los pies, o si esto fuera difícil por tener alguna barrera física que te impida verlos, lo que observarás será la camisa o camiseta de la persona o sus hombros. Si sus pies se están moviendo o saltando, su camisa u hombros estarán de forma muy sutil, vibrando y moviéndose hacia arriba y hacia abajo.
Tendrás que observar además de este movimiento, el contexto en el que se presenta el movimiento; también deberás estar atento a otros gestos o movimientos de otra parte del cuerpo para corroborar que este movimiento realmente refleja una situación de alegría. Si esto no fuera así, podría estar indicando que se siente nervioso, ansioso o impaciente.

Si los pies cambian de dirección, sobre todo en dirección contraria a una persona, se puede pensar que la persona desearía que la dejaras a solas. Si una persona requiere que respetes su espacio, los pies y las piernas podrán ser una clave. Si al llegar para iniciar una conversación te inclinas hacia la persona, la saludas con un cordial apretón de manos, estableces un buen contacto visual y retrocedes, podrás observar alguna de estas reacciones:
a.    Que la persona se quede donde está, lo que revela que se siente cómoda a esa distancia, 
b.    Da un paso hacia atrás o se vuelve lentamente, esto querrá decir que necesita más espacio o quiere estar en otra parte y
c.    Da un  paso acercándose más a ti, significa que se siente cómoda o que le caes bien.

COMPORTAMIENTOS APACIGUADORES

Comprender cómo es que el sistema límbico reacciona ante los estímulos y da respuesta a ellos (paralización, huída y lucha) es sólo la mitad de la ecuación en el lenguaje corporal, la otra mitad está dada por lo que se denomina como comportamiento apaciguador.

Este tipo de comportamiento involucra acciones que sirven para calmarnos después de experimentar algo molesto o absolutamente desagradable. Esto se produce como resultado de que el cerebro busque regresar al estado normal en que se encontraba antes de la situación percibida.
Son comportamientos discretos y socialmente aceptados que las personas utilizamos para satisfacer la necesidad de tranquilizarnos, por ejemplo: morder un lápiz, masticar chicle.

Cuando observamos estos comportamientos, el BioNeuroCoach deberá preguntarse: “¿Por qué se está intentando calmar esta persona?”, si se logra relacionar el comportamiento apaciguador con la causa del estrés, dará pistas para comprender los pensamientos, emociones e intenciones con más precisión.
Algunos de los comportamientos que indican malestar son: inclinarse hacia atrás para alejarse, fruncimiento de ceño y brazos cruzados y tensos. Inmediatamente después podremos observar alguna acción apaciguadora como: tocar el cuello, ajustar la corbata en el caso de los varones y en las mujeres jugar con el collar, bostezar en exceso, tocarse la cara, jugar con el cabello, silbar, entre muchas otras. Estas simples acciones logran tranquilizar a la persona y disminuir la tensión. 

El mecanismo que se suscita con estos comportamientos apaciguadores es sencillo, el cerebro pide al cuerpo que estimule las terminaciones nerviosas para que liberen endorfinas calmantes y de ese modo, él pueda tranquilizarse.

Cuanto mayor sea la tensión o el malestar, mayor será la probabilidad de que aparezcan comportamientos apaciguadores y, si la tensión es mayor, habrá mayor contacto con el cuello y la cara.



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