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ESCUCHAR LOS SINTOMAS DE NUESTRO CUERPO


El alivio de los diferentes tipos de síntomas constituye una industria de muchos miles de Millones de dólares. El más ligero estornudo, dolor de cabeza o de estómago hace que, de inmediato, vayamos al botiquín o a la farmacia en busca de algo mágico que haga que desaparezca. El problema de que la utilización de los medicamentos esté tan extendida es que los trastornos subyacentes que causan esos síntomas pueden no ser tratados de la forma debida precisamente porque se alivian o desaparecen de manera temporal.

Esta costumbre de ir de inmediato a buscar un medicamento para que nos libere de un síntoma responde a la idea muy extendida de que los síntomas no son convenientes, que sólo son inútiles amenazas a nuestra capacidad de vivir la vida como nos dé la gana y que deben ser suprimidos o eliminados siempre que ello sea posible. El problema de esta actitud es que lo que denominamos síntomas son con frecuencia señales que emite nuestro cuerpo para comunicarnos algo. Es su forma de reaccionar ante alguna irregularidad. Si ignoramos estos mensajes o, lo que es peor, los suprimimos, lo que hacemos es agravar los síntomas, con lo que el problema puede acabar convirtiéndose en algo más serio. Además, la persona que actúa así no aprende a escuchar su cuerpo ni a confiar en él.

Un elemento susceptible de contribuir a la mejora de los síntomas en BioNeuroCoaching puede que se les impulsa a los consultantes el reto de que hagan algo por sí mismos con el fin de mejorar su propio bienestar. Esta faceta de su experiencia constituye algo completamente diferente al papel pasivo que la mayoría de la gente adopta, o al que se ve obligada durante su tratamiento en el sistema de salud oficial.

Escuchar al cuerpo Otra de las razones que nos hace sospechar que la disminución de los síntomas a través del BioNeuroCoaching sea resultado de algo que hayan aprendido en él, o sea, una toma de consciencia, un auto conocimiento de sí mismos.

Aunque hayamos sido testigos de extraordinarias disminuciones de síntomas durante las consultas, la verdad es que, les dedicamos poco tiempo, y cuando lo hacemos, no es para reducirlos ni eliminarlos. Este camino propicia que las personas puedan enfrentarse a sus problemas, que es el único camino que tenemos para comenzar a saborear nuestra integridad y vernos como somos ahora.

Cuando nos concentramos en los síntomas, en vez de hablar de ellos y de cómo podemos hacerlos desaparecer, lo que hacemos es sintonizar con el significado oculto de los propios síntoma. Y lo hacemos de una forma determinada, propia del proceso de transformación que implica el BioNeuroCoaching.
En vez de rechazar nuestra experiencia como algo indeseable, preguntamos: «¿Qué dice este síntoma? ¿Qué me está contando sobre mi cuerpo y mi mente?».

También podemos advertir qué tipo de sentimientos se hallan asociados a ese síntoma. Vemos si existe ira o rechazo, miedo, desesperanza o resignación, y miramos esos sentimientos con el menor apasionamiento posible. Preguntándonos ¿Para qué están ahí?

Para que podamos alcanzar niveles más elevados de salud y bienestar, hemos de empezar desde donde estamos en realidad hoy, en este momento; no desde donde nos gustaría estar. El camino hacia una mejor salud sólo es posible gracias al ahora, al lugar donde nos encontramos. Por eso, mirar de cerca nuestros síntomas, nuestros sentimientos, nuestras emociones biológicas y aceptarlos como son es algo que reviste una inmensa importancia.

Vistos bajo esta luz, los síntomas de enfermedad o de angustia, además de lo que representan para nosotros, son mensajeros que vienen a comunicarnos algo importante sobre nosotros mismos. Antiguamente, cuando a un rey no le agradaba el mensaje que recibía, a veces mandaba matar al mensajero. Es el equivalente a eliminar nuestros síntomas, nuestras emociones o sensaciones porque no los deseamos. Matar al mensajero y negarnos a aceptar el mensaje por el contenido de éste no son formas inteligentes de enfocar la sanación. Lo último que queremos es ignorar o romper las conexiones básicas que pueden cerrar los bucles de realimentación y reestablecer la autorregulación y el equilibrio.

Cuando tenemos algún síntoma, nuestro verdadero desafío es ver si podemos escuchar sus mensajes, escucharlos de verdad, tomar consciencia y completar la conexión para liberarlo. ¿Podemos descifrar sus mensajes prestando una cuidadosa atención a la forma en que nuestro cuerpo se siente ahora mismo? ¿Se produjo algo, que desencadenó el síntoma, que podamos identificar? Desde un punto de vista emocional, ¿qué sentimos ahora? ¿Podemos advertir en este momento si existe en nosotros alguna emoción que pueda haber precedido la aparición del síntoma? ¿Nos sentimos agotados, deprimidos, tristes, furiosos, desilusionados, desanimados o molestos? ¿Somos capaces de permanecer con lo que sentimos en este momento, sea lo que sea? ¿Podemos contemplar nuestras reacciones con atención inteligente? ¿Podemos examinar nuestras sensaciones y sentimientos y verlos como simples sensaciones y sentimientos? ¿Somos capaces de darnos cuenta de que nos estamos identificando con “nuestras” sensaciones, “nuestra” ira, “nuestros” pensamientos, “nuestra” jaqueca, y dejar de hacerlo? ¿Y que, al rechazar esas sensaciones, nos estamos rechazando a nosotros mismos, y evitando recibir un mensaje importante?

Nuestro cuerpo intenta desesperadamente que sus mensajes nos lleguen a pesar de la mala conexión que tengamos con nuestra conciencia.



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